Unos expertos
defienden adelantar la escolarización a los dos años mientras otros advierten
del coste y creen que basta con universalizar una oferta gratuita
Valencia 24 FEB 2020 - 00:01 CET
¿Debería adelantarse la escolarización obligatoria a la etapa de infantil,
al menos al segundo ciclo (de tres a los seis años)? La mayoría de los países
europeos escolarizan, como España, a partir de los seis años. Pero 17 de los 38
que forman parte del programa Erasmus+ de la UE lo hacen antes, en general a
los cinco. Y Francia ha implantado este curso la escolarización a los tres. La
cuestión, tratada en el Foro de Educación de EL
PAÍS, despierta opiniones encontradas en la comunidad educativa.
“La etapa de infantil es una garantía de acceso a la educación y la
cultura, para la igualdad y la conciliación familiar. El ciclo de tres a seis
años debería ser sí o sí obligatoria. Entre otras razones porque, al no ser
obligatoria, se abre la puerta a que sea electiva no solo para los padres, sino
para las Administraciones, que aunque sea gratuita pueden decidir no sufragar
por ejemplo las becas de comedor y transporte”, afirma Vicent Máñez, presidente
de la Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Educativos Públicos
de Educación Infantil y Primaria. Máñez también es partidario de convertir en obligatorio
el curso de dos a tres años siguiendo el modelo de las aulas de dos años que
regiones como el País Vasco y la Comunidad Valenciana han empezado a implantar
en las escuelas públicas de infantil y primaria.
Igual que también sucedía en Francia
antes del cambio de regulación, la escolarización de tres a seis años está muy
extendida en España: alcanza entre el 96,5% según el Ministerio de Educación.
Siendo alto, ello implica que unos 40.000 niños de esa edad que no van a la
escuela. En el ciclo anterior, de cero a tres años, la tasa de escolarización
es muy inferior (38%) y las diferencias entre comunidades, acusadas. Si se
toman los seis cursos que forman la etapa de infantil, un niño del País Vasco
pasa escolarizado un año más (4,5 años en total) que uno canario. La ministra
Isabel Celaá en una entrevista este
domingo en este diario no se mostraba partidaria de la
obligatoriedad: “Está matriculado el 96,5% de los niños en esa etapa. La
familia que no lleva a su hijo es porque no quiere”.
La prioridad, cree, Miguel Soler, secretario de Educación valenciano, es
universalizar y convertir en gratuito “todo, incluido comedor y transporte, en
toda la etapa”. “Y después lo deseable sería que el ciclo de tres a seis años
también fuera obligatorio. Que ese 3% que nos falta se escolarice, porque
posiblemente sea el que más lo necesita”, afirma. Aparte de padres con tiempo y
recursos socioculturales, que prefieren tener a los hijos en casa, apunta que
otra parte de las familias que no escolarizan pronto se halla más bien cerca de
la exclusión.
Implantar la obligatoriedad en el segundo ciclo de infantil no sería muy
caro. Adelantarla aún más, sí. Y Francisco García, secretario de Educación de
Comisiones Obreras, recuerda que hay muchas urgencias educativas aguardando
respuestas. “Avanzar en la universalización de infantil a través de la red
pública es razonable, porque genera equidad y cohesión social. Pero también
tenemos que reparar los daños causados por los recortes en el sistema público,
que han sido especialmente graves en las medidas de atención a los alumnos más
expuestos al fracaso escolar, como los programas y profesores de apoyo o los
desdobles”, afirma.
Otras voces advierten de que, siendo valiosa, la etapa no es la panacea,
sobre todo antes de los tres. “El lado positivo de la escuela es que cuida,
socializa, educa y enseña. El negativo es que es una institución, y no siempre
está a la altura de las necesidades ni de las posibilidades. La escolarización
infantil es estupenda..., con moderación. No puede sustituir a la familia, ni
ofrecer el mismo nivel y calidad de cuidados que una familia ordinaria, pero sí
es un complemento importante y puede ser una tabla de salvación para niños en
situación de desventaja. En consecuencia: oferta obligatoria, sí;
obligatoriedad, en ningún caso”, zanja Mariano Fernández Enguita, catedrático
de Sociología en la Universidad Complutense.
Espacios familiares
Una opinión que comparten padres como Montse Rodríguez, psicóloga y madre
de un niño de 18 meses. “Deberíamos dejar a los niños jugar. ¿De qué sirve
institucionalizarlos tan pronto? Debería haber menos escuelas infantiles y más
espacios compartidos por educadores, familiares y criaturas, disponibles hasta
los seis años”, afirma Rodríguez, que hasta que el horario laboral la empujó a
matricular a su hijo en una escuela infantil ordinaria estuvo yendo con su bebé
a “espacios familiares” de este tipo, como los centros Cotxeres Borrell y
Aurora en Barcelona.
No hay duda de que la universalización contribuiría a reducir la
desigualdad en primaria, asegura Leire Salazar, profesora de Sociología de la
UNED especializada en primera infancia: “Las familias con menos recursos
escolarizan en menos medida a sus hijos en esta etapa” y cuando lo hacen tienen
menos capacidad en términos de “información, tiempo y dinero” a la hora de
elegir.
Pero incluso si la universalización fuera acompañada de unos estándares
exigentes en capacitación del profesorado, dotación de los centros y reducción
de la segregación escolar, prosigue Salazar, la capacidad igualadora de la
educación infantil seguiría siendo limitada porque hay otros factores que
alimentan las diferencias. Abordar las condiciones materiales de los hogares,
“por ejemplo a través de transferencias monetarias”, tendría seguramente un
impacto mayor, afirma la profesora, que insta a abrir el debate sobre “cómo
garantizar el bienestar infantil en un sentido amplio, superando el énfasis
obsesivo en las competencias escolares”.
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