Como las competencias en ciencias, matemáticas y lenguaje ya se introdujeron a finales del siglo pasado en el ámbito educativos mediante el programa internacional de evaluación de la población estudiantil de 15 años P.I.S.A., programa potenciado por la Organización para la Organización y el Desarrollo Económico (O.C.D.E.), no es de extrañar que poco después la Unión Europea asumiese el término competencias en el programa Definición y selección de competencias clave (D.E.S.E.C.O.) mientras que los países europeos introdujeron en sus programas educativos las llamadas evaluaciones diagnóstico.
En nuestro país, en concreto éstas se introdujeron en la L.O.C.E de 2002 (lleva una C, signo inequívoco de que es una ley educativa aprobada con los votos del PP) y se mantuvieron y llevaron a la práctica en la L.O.E. de 2006, esta vez con el apoyo del P.S.O.E de Zapatero. Evaluación realizada al alumnado de 4º de primaria y 2º de la ESO con el fin de medir sus competencias clave. Aunque no tuviesen efectos académicos y no debían utilizarse para clasificar centros, en la práctica los resultados por centros de dichas evaluaciones sirvieron inevitablemente al establecimiento de ránkigs útiles para elegir los supuestos mejores centros. A pesar de introducir y popularizar en el mundo educativo conceptos positivos como el de equidad, o el de valor añadido, su impacto en la desvalorización del trabajo docente (tiene más valor la evaluación que realiza una persona ajena al centro en una mañana que las evaluaciones que realiza el profesorado a lo largo de varios meses) tuvo y tendrá efectos claramente negativos para la educación primaria y secundaria,
La L.O.M.C.E de 2013 introdujo decididamente las siete competencias clave europeas como nuevo elemento del currículo a tener presente en el trabajo docente y en la elaboración de unidades didácticas.
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